Sin rumbo fijo

Escribo de lo que leo, de lo que pienso y de lo que siento.

Sobre mí

Me gustan los estantes de libros, detenerme a leer contraportadas, y cómo huele la librería Gandhi; el sonido frenético de las percusiones, el profundo chelo y el piano suave; las canciones románticas de corazones rotos y de amor correspondido, el crepitar de las fogatas y las tormentas eléctricas; un jardín con olor a huele-de-noche y gardenia, las hamacas en la playa y tomar una siesta al compás de las olas del mar.

Me gusta el olor de una tortilla de maíz recién hecha y del pan salido del horno, deshebrar queso Oaxaca, las uvas rojas congeladas, el sabor ahumado del mezcal, el vino tinto con una buena fondue y la cerveza fría los días de calor.

Me gusta chacharear sin prisa en los mercados, sopear un bolillo en chocolate caliente, el sabor del curry y los postres de plátano; el café por las mañanas y acompañar mi tarde de lectura en pijama con una taza de té negro caliente entre mis manos.

Me gustan los domingos en soledad con música suave de fondo, y armar rompecabezas que me dejan ver que, poco a poco, todas las piezas van encajando y el panorama termina por cobrar sentido; tejer prendas, aunque nadie las vaya a usar, las calcetas altas con relleno de borrego, unas manos firmes dándome un masaje y los baños en tina a la luz de las velas.

Me gustan las historias de supervivencia y heroísmo, los museos de guerra, el arte de los impresionistas, las ciudades europeas con sus ríos atravesándolas, las vistas desde gran altura y caminar en medio de un bosque; los mapas antiguos, la víspera de un viaje, el tamborilear del tren y coleccionar sellos en mi pasaporte. 

Me gusta cruzar puentes y pasear en bicicleta, las camas con dosel, las alfombras mullidas, los techos abovedados de doble altura, y las vigas de madera en cabañas decoradas con flores y encajes. Me gustan las máquinas de escribir antiguas y también escribir con manuscrita, recibir cartas por correo tradicional, las plumas fuente y el color gris. 

Me gustan las catarinas rojas con manchas negras, el nado de los delfines cuando van saltando en mar abierto, el galope de los caballos en libertad, y el vuelo de las águilas; la velocidad de los guepardos y del aleteo de los colibríes, encontrar un trébol de cuatro hojas, imaginar que existieron los pegasos, creer que puedo renacer como el ave fénix, y cuando el horóscopo me augura que llegará el amor de mi vida. 

Me gusta enamorarme de los protagonistas de las series de televisión, los besos en el cuello, las miradas cómplices; llorar con un libro o una película, reír hasta que me duele la panza, los chistes bobos de mi papá, las tardes de dominó con mi familia, las carcajadas de mi hijo cuando no sabe que lo escucho, leerle cada noche y oír su voz adormilada diciéndome “Te amo, ma’”.

(Inspirado en la idea original de Hugo Hiriart)

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