Book review: Una columna de fuego

Ken Follett simple y sencillamente no me defrauda. Me declaro cien por ciento fan de sus novelas históricas, de su estilo, de sus trilogías con un sinnúmero de personajes y de sus libros de mil páginas que te atrapan inevitablemente de principio a fin. 

“Una columna de fuego” es la tercera parte de la historia que comienza con “Los pilares de la tierra” y “Un mundo sin fin”, manteniendo vivas ciertas referencias de ambas a pesar de que pasan no años, si no siglos entre cada una de ellas, dejando claro que todo está conectado, que el pasado nos marca por generaciones y que muchas cosas no cambian, aunque si lees esta última parte sin haber leído las anteriores, no hay ningún problema.

Pareciera a simple vista que leer a Follett podría resultar complicado por la cantidad de personajes, eventos y datos históricos que mezcla, sin embargo es todo lo contrario, logra mantener el hilo de toda la información siempre vigente en la historia para no perderse ni confundirse, o al menos desde mi perspectiva ha sido así en cada uno de sus libros, por ello se ha convertido en mi favorito.

Después de que en “Los pilares de la tierra” se construyera la Catedral de Kingbridge en medio de intrigas de poder entre los mismos miembros del clero, y en “Un mundo sin fin” la población se enfrentara a la epidemia de la peste cuando el estiércol era lo recomendado para las curaciones según los sacerdotes y las nuevas tendencias recomendaban la higiene, en “Una columna de fuego” el tema central es el conflicto religioso entre católicos y protestantes de esa ciudad y en el resto de Europa a partir de 1558, cuando todavía María Tudor, católica recalcitrante conocida como Bloody Mary, reinaba Inglaterra al haber sucedido a su padre, el infame Enrique VIII, quien había roto con la Iglesia Católica e instaurado la Iglesia Anglicana a raíz de su matrimonio con Ana Bolena. Pronto llegaría al poder Elizabeth I, la Reina Virgen, hija “ilegítima” y defensora del protestantismo aunque tolerante con los católicos, con quienes quiso dejar de tener conflictos, pero como bien cuentan los historiadores, estaba adelantada a su tiempo para conseguirlo del todo.

La trama se desarrolla durante poco más de 60 años entre escenarios como Inglaterra, Francia, Escocia, los Países Bajos, España y la isla en ese entonces conocida como La Española, parte del gran imperio de la Nueva España, en una gran mezcla de datos históricos verificables y conocidos, así como la ficción que le proporciona el hilo conductor al relato y las conexiones a todos los personajes reales e imaginarios.

En lo personal, estos libros siempre me provocan escalofríos al pensar cuánta inhumanidad existía en esos tiempos (no que ahora no exista, por supuesto), las ideas retrógradas sobre las religiones, su poder sobre el conocimiento o falta de, y sobre la vida terrenal y la que dicen existe después de la muerte. Cómo era posible que esas ideas reinaran de tal manera que muchos estuvieran dispuestos a matar o a morir, que sus valores se basaran en si el otro cree o no en lo que uno mismo creía, en la falta de tolerancia y respeto por que alguien más les había inculcado dogmas en la cabeza o lo ordenaba por derecho divino. 

Tengo más de una década, quizás ya dos, de haberme alejado de la religión. No es que hubiera estado muy cercana o interesada o involucrada nunca en realidad, pero era algo que ahí estaba de alguna manera como parte de las actividades familiares y sociales; una misa por aquí y por allá, celebraciones de sacramentos como grandes eventos, dichos comunes de agradecimiento a Dios y rezos aprendidos de memoria sin entenderles de lleno literalmente, mucho menos su uso práctico o funcionalidad.  Hoy simplemente me declaro fuera de la religión.  No de una en particular, si no de todas, y comulgo más con esa sabía cita de Karl Marx: “La religión es el opio del pueblo” (tampoco apoyo el comunismo, aclaro).

Por ello, esta lectura me resultó todavía más interesante, porque reitera en mí esas razones por las cuales no creo en las religiones. Conflictos, guerras, enfrentamientos, aberraciones, torturas, matanzas, abusos, asesinatos, insurrecciones, intolerancia, traiciones, saqueos y conquistas en nombre de la religión han regido a la humanidad, y la historia no deja de darnos más y más ejemplos de las terribles consecuencias que han provocado sin que hayamos llegado al entendimiento en nuestros días de que eso no debería de ocurrir.

En fin, que el libro hace un viaje por muchos eventos históricos que marcaron ciudades, países, continentes, y al mundo entero.  Para mí, tiene todos los ingredientes para atraparme sin más: datos históricos, creación de personajes, descripción de escenarios, conflictos interesantes, entretenidos y bien resueltos, amor, odio, y, sobretodo, la capacidad de provocarme reflexiones importantes sobre el desarrollo de la humanidad.  Sólo puedo decir que éste es uno de los libros que no me cansaré de recomendar, junto con los primeros de la trilogía sin duda (y si me apuran, recomiendo fervientemente también su otra trilogía, la de “La caída de los gigantes”, que trata sobre las dos guerras mundiales y la guerra fría, ¡buenísima!)

Título: Una Columna de fuego Autor: Ken Follett Editorial: Plaza Janés

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s