Book review: Los médicos malditos

No podría decir que este libro es fácil de leer, sin embargo, resulta muy interesante, ya que no hay muchos textos que se enfoquen en los experimentos médicos que realizaron los nazis usando a los prisioneros como conejillos de indias en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. 

Cuando encontré el libro en la biblioteca de mi papá y leí el título, pensé inmediatamente en el doctor Mengele, quizás el más famoso de los médicos malditos, pero definitivamente no el único y quizás tampoco el más sádico de ellos. De eso me vine a enterar con esta lectura.

Este libro recopila una basta cantidad de testimonios extraídos de víctimas que sobrevivieron a las torturas a las que fueron sometidas, de enfermeras y ayudantes que fueron partícipes de ellas, y de sus protagonistas cuando fueron enjuiciados en Nuremberg al término de la guerra. El trabajo de investigación de Bernadac fue exhaustivo y expone una enorme cantidad de experimentos que se ejecutaron durante uno de los periodos más infames de la historia.

Los nazis dispusieron de forma deliberada de miles de personas como objetos vivos para experimentos horribles en los que inocularon a hombres sanos con tifus y malaria, según ellos, para crear vacunas; probaron diversas formas de esterilización contra las mujeres para detener la “reproducción de las sub-razas”; hicieron pruebas para determinar cuánto tiempo aguantaba un ser humano las más bajas temperaturas, o altas presiones atmosféricas y cambios radicales por aquello del uso de aviones y submarinos; cuánto tiempo se sobrevivía con una ingesta bajísima de calorías y diferentes tipos de alimentos, o las reacciones a diferentes infecciones ocasionadas por amputaciones y quemaduras, o al envenenamiento con múltiples sustancias y gases; quisieron “curar” la homosexualidad y “descubrir” los secretos de los hermanos gemelos; además de haber justificado la eutanasia de los más débiles, los enfermos mentales y los que consideraban “no-productivos” en favor de contar con más camas y recursos en los hospitales, y en general con el objetivo de la permanencia de sólo los más aptos (o más arios, de hecho). Incluso hay un pasaje en el que se cuenta que experimentaron con peyote… sí, lo consideraban “el suero de la verdad”.

Estos experimentos se llevaban a cabo en todos y cada uno de los campos de concentración que se construyeron, y para mi sorpresa, existieron también varias mujeres sádicas que disfrutaban de hacer sufrir a judíos, polacos, comunistas, mujeres, niños, ancianos, enfermos mentales, soldados capturados y a todo aquel que consideraran traidor o de raza inferior. Fue precisamente una fémina a la que le gustaba coleccionar los tatuajes de sus victimas, curtiendo sus pieles y usándolas para hacer portadas de libros, lámparas y cuadros decorativos. 

Para colmo, ninguno de estos experimentos llevó a ningún avance o descubrimiento médico que valiera la pena.  Se dice que sólo se creó un cinturón de salvamento para las fuerzas aéreas que terminó utilizándose en el ejército, pero de ahí en fuera, nada de lo que se hizo generó ningún beneficio, ni a los nazis ni a la humanidad. 

Es sorprendente leer sobre qué hicieron estos médicos al haber perdido la guerra: algunos lograron huir (¿les suena Mengele en Argentina?), otros muchos se suicidaron antes de ser si quiera enjuiciados y otros ya cuando les fueron impuestas sus sanciones; otros muchos fueron condenados a muerte o a varios años de prisión, sin embargo, también se liberó a otro tanto. Muchos de los que participaron alegaron que ellos intentaron sabotear estos experimentos o que trataron de minimizar el sufrimiento de las víctimas buscando salvarlas o ayudándoles con muertes más rápidas (menos mal…); los peores siguieron defendiendo sus ideas sádicas hasta el final, incluso uno de ellos pidió le dieran un poco más tiempo para terminar con su estudio, ¡¿qué tal?!

En fin, que pensar que sólo Hitler, Himmler, Heidrich, Goebbles o los nombres más conocidos del Tercer Reich eran los malos del cuento es un grave error. El fanatismo que llevó a los nacional-socialistas a creerse superiores y merecedores de dominar al mundo fue una epidemia que le pegó a varios millones. La maldad reinó apabullantemente en Europa en los años cuarenta sin lugar a dudas, y “Los médicos malditos” es un recuento de los testimonios que nos lo recordarán siempre. 

Los médicos malditos
Autor Christian Bernadac
Editorial Caralt

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