Book review: ¡Termina!

A veces los libros me llaman sólo por que están en la mesa de ofertas de una librería y no puedo resistir comprarlos… “¡Termina!” lo agarré casi sin ver pero quise leerlo prácticamente de inmediato en lugar de guardarlo en el librero. Imaginé sería una lectura ágil y entretenida para fin de año, y así fue. No es que Jon Acuff escriba nada nuevo o que nadie más haya descubierto antes, pero el hecho de que lo exponga así tan sencillo y concentrado resulta útil y funcional, en especial para iniciar nuevos objetivos o retomar aquellos que se nos han ido quedando en el tintero.

El tema central del discurso es cómo hacer para dejar de ser un “iniciador crónico” y convertirse en un “terminador”, ya que la idea de alcanzar un objetivo más del 90% de las veces se ve truncado por el perfeccionismo, por querer hacerlo perfecto o mejor ni hacerlo. Esto nos lleva a que cuando queremos comenzar una nueva dieta o proyecto consideremos iniciar sólo sí tenemos las condiciones idóneas y hasta que tengamos todo bajo control para poder decir “ahora sí, ahí te voy”. 

Peor aún, claudicamos al día siguiente de que algo no resultó perfecto y aventamos todo por la borda porque entonces ya nada vale la pena; un simple error, un pequeño desvío en el camino, un minúsculo obstáculo, y nos damos por vencidos por completo… hasta que decidimos que nuevamente todo está como debe de ser para volver a iniciar, en lugar de haber continuado con nuestro camino a pesar de aquel tropiezo. 

Lo opuesto al perfeccionismo es terminar las cosas… El perfeccionismo agranda tus errores y minimiza tu progreso… Entre más intentes ser perfecto, menos lograrás tus objetivos.

A mí me quedó el saco, lo reconozco, (y estoy segura le queda a muchísimos más que conozco por ahí), así que puse mucha atención en lo que Acuff recomienda, empezando por luchar contra la idea de la perfección y continuando con proponernos objetivos divertidos, es decir, si el propósito es hacer ejercicio, hay que escoger uno que nos genere felicidad y no uno que nos haga sufrir. Si lo nuestro es el ejercicio individual, quizás la natación nos caería bien, pero compartir gritos y sudores con otros veinte en una clase de zumba nos haga renunciar a nuestro objetivo después de la primera sesión. A veces el que algo nos parezca entretenido nos hace sentir que no le estamos echando tantas ganas, que no está valiendo la pena, y eso es mentira. No todo tiene que ser cuesta arriba ni aburrido, al contrario, divertirnos nos mantiene motivados.

¿Tu objetivo es alejar un fracaso o atraer una victoria?

Al respecto, hay dos categorías para la motivación: por recompensa y por miedo. O hacemos equis para ganar ye o lo hacemos para evitarlo. En mi caso, siempre me pongo nerviosa al hablar en público, pero cuando lo he tenido que hacer, por supuesto que espero agradar y llevarme un buen aplauso, aunque en realidad lo que más me motiva es evitar el abucheo y por eso me empeño en hacerlo lo mejor que puedo. Ésa es mi motivación. Así que el miedo también podemos usarlo para lograr nuestros objetivos. 

Otras estrategias que sugiere son reducir nuestros objetivos a la mitad o duplicar el tiempo. Sí, sí, queremos bajar 20 kilos en 3 meses, los mismos que hemos venido subiendo los últimos 10 años de vida. El objetivo resulta prácticamente imposible de cumplir de buenas a primeras, así que una idea es recortar la meta a la mitad o darnos más tiempo para cumplirla.

Importante es también ser realistas y aceptar que no podemos con todo. Muchas veces para poderle invertir a una actividad, tenemos que sacrificar otra, y eso está bien. No en todo tenemos que ser los mejores y no pasa nada si a priori decidimos ser malos en algo más, lo importante es ser conscientes de ello y no sentirnos fracasados por algo que ya decidimos será así, al menos por un tiempo, en lo que conseguimos alcanzar nuestro objetivo principal. 

En ocasiones, tendremos que decirle “no” a ciertas personas o situaciones, por ejemplo, si nuestro objetivo es dejar de tomar alcohol, habrá que dejar de lado a los amigos de parrandas, ni modo. En otras, no podremos ser radicales y más bien debemos buscar simplificar, es decir, si no podemos cocinar todos los días, cocinemos una vez a la semana y congelemos todo; tendremos tiempo para lo que sí necesitamos y no mataremos de hambre a la familia. 

Otro punto muy importante es dejar de lado los pretextos por más virtuosos que nos parezcan. A veces tenemos “escondites”, lugares seguros donde nos ocultamos del miedo a arruinar algo. Si nos descubrimos desviándonos de lo que tenemos que hacer a la mera hora y además damos una explicación complicadísima de porqué no hacemos lo que debemos, seguro es un escondite para no enfrentar el miedo al fracaso. Para ello, un amigo es una buena fuente de verdad, seguro una visión externa podrá confirmar que eso que consideramos hacer o no para evitar nuestro objetivo es una mera excusa para no hacer lo que deberíamos. 

El típico “hasta que no tenga tal o haga cual” es terrible. O el “si hago esto, entonces podría pasar aquello”. “Hasta que no me haya terminado toda la comida chatarra de mi alacena y tenga mi refrigerador lleno de pura comida saludable, no puedo empezar a comer mejor”. “Si hago demasiadas pesas, entonces seguro me voy a poner súper tronado y dejaré de verme estético”. Para empezar, no hemos agarrado una pesa en nuestra vida y ya creemos que cargando tantito nos convertiremos en  Hulk. 

Acuff nos da más claves: hay que hacerlo simple, no hay que rendirse ante la supuesta ventana temporal del momento idóneo; para terminar algo debemos facilitarnos las cosas, no complicárnoslas, y para eso tenemos que cuestionarnos también cuáles son nuestros paradigmas. Podemos aceptar que no todo tiene que ser creación nuestra, es decir, se vale tomar ideas de alguien más y aplicarlas a lo que queremos. No es que vamos a robar una idea, es que vamos a empezar con algo que otro más ya hizo y es muy valido. 

Por último, pero sumamente importante: la información es poder. Registrar nuestro progreso es indispensable. Muchas veces no nos damos el crédito por lo que hemos avanzado, en su lugar, nos flagelamos por lo que nos falta avanzar. Otras veces simplemente no recordamos lo que en el pasado nos costó alcanzar un objetivo, o cuáles fueron las condiciones que nos llevaron a lograrlo, nos quedamos con la idea de que el pasado siempre fue mejor y no aprovechamos el aprendizaje anterior. Además, la información nos ayuda a tomar decisiones y hacer ajustes, hay que aprovecharla, no negarla o ignorarla. El que no queramos revisar las cuentas bancarias no significa que las deudas no estén ahí. 

Al final, esto es lo peor que ocasiona el perfeccionismo. Te mantiene en casa. Te atrapa en el sillón. Se asegura de que nunca lo intentes… Los objetivos que te niegas a perseguir no desaparecen, se vuelven fantasmas que te obsesionan… Así que intentemos. Actuemos. Fallemos. Intentemos de nuevo.

A grandes rasgos, esto es un resumen muy concreto de lo que trata “¡Termina!”, sin embargo, la lectura del libro completo vale la pena pues aborda con más detalle todas estas cuestiones y ofrece muchos más tips que pueden motivarnos a renunciar a ser perfectos y alegrarnos por nuestros logros, aunque sean más pequeños, en lugar de abandonar y vivir frustrados por habernos rendido o nunca haberlo intentado. Ese “si hubiera” puede llevarnos a la amargura total al paso de los años. Vale más no hacerlo todo justo como lo imaginamos, aprender en el proceso y aplaudirnos por no dejarnos vencer por la desidia y el miedo al fracaso.

Y tú, ¿qué esperas para terminar tu siguiente proyecto?

¡Termina!
Autor Jon Acuff
Editorial Aguilar

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