El día que le serví a la realeza británica

Cuando uno tiene 25 años y se va a estudiar al extranjero, en mi caso a Londres, la idea de trabajar como dependiente de una tienda o mesero en alguna cafetería o restaurante es de lo más común. El problema es cuando eres mexicano y no tienes una visa que te lo permita de manera legal. Pero claro, siempre hay formas.

En la escuela internacional de inglés a la que iba, conocí a unos colombianos que se apiadaron de mi desesperación y decidieron ayudarme. Entre “hermanos” latinoamericanos el apoyo se da por descontado. Así que me llevaron a una agencia que colocaba de manera eventual meseros para eventos de catering, y con un simple guiño al encargado que sabía que, en caso de ser descubierto contratando ilegalmente estudiantes, negaría todo y yo asumiría la responsabilidad, me hizo firmar un documento. 

Comencé entonces a trabajar en bodas y banquetes en diversos lugares, incluyendo el Shakespeare’s Globe Theatre; aprendí a cargar varios platos con una sola mano, a servir haciendo pinzas con cucharas y tenedores, a destapar botellas de vino, a saber hasta dónde debían servirse las copas y a ofrecer el agua diciendo “sparkling or still”

Después de algunos meses de, según mi jefe, dar buenos resultados y obtener comentarios halagadores de sus clientes sobre mi desempeño, decidió que estaba lista para mandarme a uno de los lugares más exclusivos del mundo: el legendario Mosimann’s.  Un club social de altísimo prestigio internacional y las más altas condecoraciones gastronómicas y de servicio, que cuenta con siete salones decorados por reconocidas marcas de lujo, como Fabergé, DavidoffMontblancBentley.

Ahí, bajo la batuta de una manager alemana de voz potente y cara dura, me enseñaron que ese lugar era en verdad único, en el que las grandes figuras de la alta sociedad y la propia realeza británica asistían con regularidad, por lo cual el servicio tenía que ser de primer nivel.

Todo tenía que seguir un protocolo especial, nuestra imagen debía ser impecable y mostrarnos sumamente profesionales y formales, teníamos máquinas para calentar la vajilla, usábamos guantes blancos, y entrábamos a los salones en fila india, cada uno cargando un plato en cada mano, nos parábamos entre dos comensales y, a la señal casi imperceptible de nuestro capitán, los colocábamos al mismo tiempo en las mesas, esperábamos a que él mismo diera la descripción de los platillos, y volvíamos a salir ordenadamente. Era un ritual que fascinaba a todos.

Un día nos informó la jefa que habría una cena para algunos miembros de la realeza. Evidentemente, todos nos pusimos muy emocionados, pero sobretodo nerviosos, por lo que debíamos controlarnos; nos habían seleccionado a nosotros por nuestra ya basta experiencia, o eso se suponía.

El evento iba a ser en uno de los salones más grandes y, tal como lo habíamos hecho otras veces, entramos todo un séquito de meseros vestidos muy propiamente con nuestro pantalón negro, camisa blanca y moñito al cuello.  Mientras yo sentía que los platos pesaban demasiado y me estaban quemando con todo y los guantes, esperaba que el capitán diera la correspondiente señal. No supe bien qué pasó, pero a la hora de que por fin tenía que colocarlos sobre la mesa, me falló el tino y le pegué un “platazo” en la cabeza al que después me enteré era el Conde de Wessex.

El sonido de la porcelana fue seco, “toc”. En la mesa reinó el desconcierto, algunas malas caras y otras risas discretas, mientras mi rostro se convertía en un tomate y, con mi natural falta de discreción, no pude evitar gesticular y soltar un sonido de sorpresa, muerta de vergüenza. 

Todo el protocolo se descontroló un poco y, ya afuera, solté la carcajada. A la alemana no le hizo nada de gracia y decidió que no podría seguir sirviendo a aquellos personajes de alta alcurnia, mucho menos regresar a trabajar en un futuro.  

Me quedé en la estación de meseros lavando y puliendo copas hasta que fue la hora de salida. Nunca más volví a ver a los miembros de la Casa Real, nunca más volví a usar guantes blancos, nunca más regresé al legendario Mosimann’s.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s