El club de las mujeres tristes (¿o no es para tanto?)

Tres veces me he enamorado: con el primero me casé… pero me divorcié; con el segundo casi me caso… pero se echó para atrás; con el tercero no estuve ni cerca de hablar de boda… pero igual reculó, como diría una amiga española.

Sí, lo acepto, he tenido mis queveres en estos diez años de soltería y muchos, muchos primeros dates que, de no ser por pensar que de todo se aprende, no podría dejar de arrepentirme de haber perdido mi tiempo conociéndolos y preferir haberme quedado en casa leyendo un buen libro.  

Pero bueno, en este camino de desear encontrar el amor, me he topado con muchos descocidos que nomás no eran para esta rota, y al verlos a la distancia de los años de haber salido con ellos, me congratulo de no haberme quedado con ninguno; ha sido preferible seguir sola que conformarme con quien no se acercaba a mi “ideal”, entendiéndose no como “perfecto”, si no como “mi” ideal, con quien pudiera conectarme, compaginar, comprometerme, con defectos y virtudes, obvio, pero sin tener que justificarme a mí misma actitudes inaceptables con tal de no estar sola. 

¿Porqué resulta tan difícil encontrar una pareja compatible?  Es algo que llevo preguntándome por una década y sigo sin dar con la respuesta. Y no lo digo sólo por mi caso particular, si no porque veo que otras muchas mujeres cercanas también padecen como yo.  ¿Qué sucede? ¿Alguien tiene idea?  

Ya no sabe una a quién o qué recurrir para encontrar respuestas: al psicólogo, a las amigas (las casadas y solteras, unas para que nos digan cómo le hicieron y las otras para encontrar los puntos en común y quejarnos de nuestra mala fortuna), a los amigos hombres que se la saben de “todas todas” en cuestión de relaciones pero curiosamente siguen solteros, a las mamás, a los libros de superación personal, a los blogs especializados en relaciones, a los gurús, a los tarotistas, a los chamanes, a las limpias energéticas, a San Antonio, a San Judas Tadeo, a Carrie Bradshaw y su Sex & the City… parece que nos agarramos de dónde sea para saber qué está pasando, pa’ dónde hacernos, cómo lo encontramos, pero el resultado es el mismo: nadie sabe.

Bueno, algunos “eruditos” (sabelotodos) en el tema te dirán que en realidad eres tú la que no quiere encontrar pareja y por eso “los espantas”, que “lo vibras”, pero que es una cuestión inconsciente de tu parte… WTF! ¡¿Entonces cómo quieren que lo resolvamos?! Pues no hay forma, obvio, ¡nadie sabe!, por eso seguimos así, ¿qué no?

La cuestión es que yo no he tenido suerte, bueno sí, pero mala suerte pa’l caso.  A veces pienso que es mejor resignarme y aceptar que podría quedarme sola el resto de mi vida… y aunque mucha gente salte y diga “¡No! ¡¿Cómo crees?! ¡Eso no te va a pasar, no!”, resulta que conozco casos de mujeres mayores que yo que, en efecto, siguen solas desde que decidieron divorciarse o que nunca se casaron (y no por falta de ganas como está de moda ahora), así que la posibilidad existe.

Total que es un hecho que nadie sabe cómo nos terminará yendo en la feria.  ¿Volveremos a enamorarnos?, porque, la verdad, tengo que admitir que sí se siente re-bonito; ¿volverá alguien a enamorarse de nosotros?; y todavía más difícil aún: ¿volveremos a enamorarnos de quien se enamore de nosotros? He ahí el meollo del asunto, que todo tiene que cuadrar a la perfección para que funcione: tiene que haber atracción, tienen que estar en el mismo canal, tienen que querer quererse, y tienen que estar dispuestos a aceptar que no todo es miel sobre hojuelas y que la cosa se va a poner difícil en algún momento.  

No, no es fácil encontrar a la persona adecuada, pero ¿porqué sí lo era cuando estábamos en nuestros veintes? ¡Ahí sí que pululaban los buenos prospectos! O bueno, éramos más inocentes, menos exigentes y no estábamos tan dañados, claro… Al menos todos estábamos más abiertos a encontrarnos.  A mis cuarenta y tantos salir con alguien nuevo ya es un logro; conectar, un milagro. 

Honestamente no sé a dónde me está llevando esta reflexión, quizás es sólo un desahogo, a lo mejor hay alguien que me pueda dar una luz… a lo mejor también haya alguna chica que comparta conmigo (aunque la compadecería más bien) y quiera unirse a mi club.  ¿Cuál club?  No, pues no tengo ninguno, ¿verdad?, pero ¿y si armamos uno?  

2 comentarios sobre “El club de las mujeres tristes (¿o no es para tanto?)

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